Atardecer en el Guadalquivir, mixta / tela, 90 x 110 cm. 1993
Atardecer en el Guadalquivir, mixta / tela, 90 x 110 cm. 1993

Atardecer en el Guadalquivir, mixta / tela, 90 x 110 cm.
1993

Siempre habrá quienes pretendan, erróneamente, clasificar en alguna corriente la pintura de María Rosa Olivos, y con ese afán determinista, se llegará a la consonante conclusión de que se han mirado de soslayo las formas esenciales de su obra, ignorando el germen de sus contenidos.
La pluralidad de lecturas implícita en símbolos figurativos y armoniosas relaciones viso-táctiles – sugeridas gracias a la sensible adecuación de múltiples texturas en sigilosas composiciones de cálidas policromías – conduce al hallazgo, mediante elocuentes indicios, de una forma artística que contiene en su lenguaje fuertes rasgos plásticos con carácter afectivo e intimista.
En sus formas cerradas, se respira y reposa libremente, pues no son prisioneras de contornos rígidos y permiten el fluir de vastas masas de color sin sujeción a frontera alguna, ampliando de ésta manera, las dimensiones del espacio pictórico.
El sentido ecléctico, en el tratamiento de temas que expresan preocupaciones introspectivas con virajes hacia lo social, denota en ésta autora su vínculo con una contemporaneidad en la que los intentos por conciliar lo íntimo con la propia conciencia histórica, ratifica la derrota y ocaso de las vanguardias.
María Rosa Olivos proyecta un estilo en el que añejas dicotomías se muestran plácidas y descaradas, alternando de cuadro en cuadro la sutil ironía con la que cuestiona y se remite al hito de la feminidad, oteando su propia existencia.

 

Juan Rumoroso

Crítico de arte