Por muchos años, mi mundo fue color de rosa, siempre matizado, pero la esencia era rosa. Creía que mi nombre estaba destinado para ser acorde a mi vida.
Hoy; me enfrento a tonos neutros y obscuros, me doy cuenta que la gama de la vida, a veces se agrisa y a veces brilla.
De nosotros depende crear el cuadro perfecto…
y seguir pintando siempre en rosa.


 

Ella su espera y su universo, óleo / tela, 90 x 70 cm. 1986

Ella su espera y su universo, óleo / tela, 90 x 70 cm. 1986

 



Aceptar la muerte de Josefina como una transición del espíritu fue un proceso que me llevó tiempo para comprender.

Mi pintura “Ella, su espera y su universo”, sustrajo todos los colores del mismo, para quedarse con ellos y no volver por un tiempo a compartirlos con obras posteriores. El color se ausento de mis cuadros todo el tiempo que tarde en entender el proceso de la muerte.

 Surgieron obras como “Bosque de febrero triste”, “mes que marcó su deceso”, “Melancolía”, que siendo un análisis del contrapunto era la casi total ausencia del color, “tal vez esté en el infinito” por mi cuestionamiento constante de preguntar… ¿en dónde estas Josefina?.   “Tu ritmo callado”, por la paradoja de ese corazón que ya no latía y a su vez por los latidos de un nuevo corazón que acechaba a la vida: madre por segunda vez, y con ello un leve color a mis cuadros.

Después continuaron las puertas y ventanas, tratando de abrirlas para encontrar la verdad de… ¿donde estas Josefina? Sin embargo fue…”Y la vida continua”, con la obra que llego un poco de paz a mi espíritu, en 1986, al comprender que efectivamente la vida continua, a pesar de la incertidumbre ante la muerte y, aunque después siguieron cuadros melancólicos como “la ausencia amada”, de nuevo el color empezaba a aparecer en mis cuadros, como en “te busco en los colores con los que matizas mi vida”, o “eres lo que el tiempo quiso que fueras…un recuerdo”.

Y con todo esto quiero decir que pinto exactamente los sucesos en mi vida, por etapas tal vez, como la de ser madre, como mi vida cerca del mar, como mi comunicación con los perros y mi reverencia hacia la luna, a la vida…hacia Dios. Hacia una vida bella que me ha tocado vivir con una familia unida que cree en mí.